Una galleta
La galleta de granola fue la primera en llegar a la caja, el pastelero las acomodaba con esmero, y de distintos sabores al caer la noche para tener las cajas listas a la mañana siguiente. Granola descansó entre sus hermanas soñando con su destino como galleta, ¿qué aventuras le esperaban? ¿Quién sería el afortunado que se la comería?. La mañana se dejó sentir con el calor y el ruido característicos y las cajas de galletas se fueron yendo poco a poco; cerca del medio día cuando la temperatura amenazaba con fundirla con alguna de sus hermanas de chocolate por fin les llegó su turno, al movimiento y sonido de monedas le siguieron gritos y carcajadas infantiles. ¡Una familia¡ pensó entusiasmada granola (pues han de saber ustedes que las galletas siempre prefieren las familias que las oficinas o las reuniones de abuelitas sin qué hacer). Muy pronto la caja se encontraba en la mesa del comedor y una a una las galletas se fueron esfumando, primero las de chispas de chocolate, luego los polvorones de naranja y los corazones de nuez y por último las galletas de jengibre y hasta las simplonas de vainilla, pero nuestra amiga de granola seguía en el fondo de la caja… Ignorada a propósito u olvidada quizá la galleta sintió el día pasar sin saber lo que sería de ella, más la noche llegó de nuevo en su primer día como galleta y de pronto sintió movimiento, era la madre de familia que levantaba la basura y sintió que algo quedaba en la caja. ¡Una nutritiva galleta de granola¡ exclamó la mujer. Justo lo que cualquier madre exhausta y embarazada necesita antes de dormir. Y así nuestra amiga la galleta encontró su destino y sin saberlo cumpliría el trabajo más importante, pues pronto pasaría a formar huesos, tendones o quizás neuronas de un nuevo ser humano.
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